Subcapítulo I

Educación en Valores

42 años encendiendo la chispa del conocimiento con amor, arte y psicología.

Paz en su aula llena de vida, arte y color

Una Funcionaria Diferente

Mari Paz Arés Osset dedicó 42 años de su vida al cuerpo de funcionarios de educación del Estado español. Pero decir simplemente que fue "funcionaria" sería como decir que Mozart simplemente "tocaba el piano". Paz transformó cada aula que habitó en un universo de posibilidades, en un espacio donde aprender era sinónimo de vivir.

En una época en la que la educación española todavía arrastraba los métodos rígidos y memorísticos heredados de décadas anteriores, Paz irrumpió con una visión radicalmente distinta: la educación debía ser un acto de amor, un despertar de la conciencia, no una simple transmisión de datos.

«Para Paz, cada alumno era un jardín esperando florecer. Su tarea no era imponer semillas, sino descubrir las que ya estaban plantadas y ayudarlas a crecer.»

Psicología, Amor y Arte

Mucho antes de que los planes educativos incorporasen la educación emocional como una necesidad, Paz ya la practicaba de manera instintiva y brillante. Comprendía que un niño no puede aprender si está bloqueado emocionalmente, si tiene miedo al error, si se siente invisible.

En sus clases, la psicología no era una asignatura: era el lenguaje con el que se relacionaba con cada alumno. Identificaba las necesidades individuales, los bloqueos, los talentos ocultos. El arte era su herramienta predilecta: la pintura, la poesía, la música, el teatro… todo servía para que los niños expresaran lo que las palabras no podían decir.

Y sobre todo, el amor. Un amor genuino por cada estudiante, un interés real por su mundo interior. En la clase de Mari Paz, nadie era un número, nadie era "el de la tercera fila". Cada alumno era un ser humano completo, con sueños, miedos y una luz propia que merecía ser descubierta.

Contraste entre educación tradicional y la innovadora de Paz
Un niño contando las horas el domingo para que llegue el lunes

Los Niños que Contaban las Horas

El efecto de la metodología de Paz era tan extraordinario que generó un fenómeno insólito: los niños no querían que acabara la semana escolar. Los fines de semana se convertían en una cuenta atrás impaciente. Los domingos por la tarde, muchos de sus alumnos miraban el reloj y preguntaban: «¿Cuántas horas faltan para que sea lunes?»

Para los padres, aquello era desconcertante. ¿Un niño que quiere ir al colegio? ¿Que prefiere la escuela al parque, al fin de semana, a no hacer nada? No era normal. O al menos, no era lo que estaban acostumbrados a ver.

Algunos padres llegaron a quejarse al colegio, sin entender lo que estaba pasando. El Ministerio de Educación envió inspecciones para verificar qué ocurría en aquella clase tan "extraña" donde los niños eran… demasiado felices.

Las inspecciones, por supuesto, no encontraron irregularidades. Solo encontraron a una profesora excepcional que había descubierto lo que muchos pedagogos tardarían décadas en teorizar: que la motivación intrínseca es el motor más poderoso que existe.