Universo de Paz Galería

Mantra BAM

La Esencia de la Trascendencia y la Transformación Unificadora.

Mantra BAM

Ficha Técnica

Análisis Crítico

El imponente grabado 'Mantra Bam', concebido magistralmente en aguafuerte y aguatinta, es mucho más que una exquisita exploración estética; constituye el testimonio vivo del profundo y revelador peregrinaje espiritual de Paz Arés Osset. Nacida y fundamentada en la fe cristiana, el alma inquieta de Paz nunca dejó de expandirse, abrazando con infinita devoción las ricas enseñanzas de Oriente hasta convertirse en maestra budista. Fue precisamente durante sus trascendentales retiros espirituales en la serena localidad inglesa de Ulverston —tierra que vio nacer al mítico icono del humor británico, Stan Laurel ('El Flaco')— donde la inspiración descendió como un relámpago místico, impulsándola a grabar en la matriz de esta obra el poderoso sonido primordial del 'Bam'.

A ojos de cualquier coleccionista sosegado o marchante de arte visionario, nos encontramos ante una pieza de una resonancia simbólica incalculable e histórica. La vibración de este grabado actúa como un monumental puente cósmico entre doctrinas que históricamente han caminado de forma separada. En un momento histórico en el que el turbulento mundo requiere la más sólida de las uniones, la incuestionable y pura misión de la artista resplandece aquí con urgencia asombrosa: las religiones y fes del globo terráqueo deben imperativamente darse la mano y aunar esfuerzos para iluminar juntas a la humanidad dolorida, en lugar de vivir de espaldas negando dogmáticamente y con inquina la validez ajena.

Esta sublime interacción de fes se hace eco, con inusitada dulzura y precisión arrolladora, de las inmortales e iluminadoras páginas del reverenciado y transgresor libro 'Cristo Viviente, Buda Viviente' del célebre y amado gran maestro zen Thich Nhat Hanh. Como el curso del agua que fluye libre y no busca competir beligerantemente contra la dura roca, sino cobijarla y abrazarla tiernamente, este majestuoso grabado fusiona en silencio el rico e incontestable simbolismo y la inamovible, serena solidez del budismo ancestral con el cálido amor redentor y universal de la inmensa tradición cristiana que habitó siempre latente en las raíces mismas de la autora y maestra espiritual. El símbolo sagrado 'Bam', esculpido con un vigor y pasión sobrecogedores sobre la inquebrantable e indomable plancha de metal, no es solo un remoto refugio esotérico y tántrico de sanación contra las abyectas penurias de la angustia moral, sino un infinito corazón latiendo con pulso unificador en el centro exacto y primordial de todas y cada una de nuestras encrucijadas terrenales y trascendentales.

El dichoso observador que se detiene estático y asombrado ante las ricas e intrincadas texturas ásperas del milenario aguatinta, perdiéndose de lleno entre sus inescrutables y profundas veladuras oscuras y los intensos misterios insondables de sus contrastes en claroscuro, sentirá irremediable, visceral y espiritualmente cómo las espesas y férreas barreras de los falsos conceptos limitantes se derrumban inevitablemente a pedazos como frágiles monumentos de arena bajo el azote de sus encendidos destellos iluminadores. La obra irradia en bloque una energía sanadora y unificadora verdaderamente colosal que desborda por mucho sus delicados centímetros de extensión y los mismos márgenes del marco. No estamos simplemente contemplando inerte e ignota tinta negra suspendida grácilmente sobre un lienzo inmaculado de blanco papel de algodón poroso; muy por el contrario, estamos presenciando emocionados un pacto visual vivo y en directo entre la inmensidad de Jesucristo y la pureza iluminada del propio Buda, nada menos que un sacrosanto acuerdo eterno firmado irrevocablemente y para la posteridad a través del delicado canal mediador de las manos laboriosas, sabias y sumamente maduras de una valiente mujer guerrera que, rompiendo toda traba dogmática, ha sabido de largo encontrar la definitiva y plácida morada de la ansiada paz global integrando sin esfuerzo alguno ambos colosales y venerables universos celestiales de sabiduría compasiva.

Poseer íntimamente en la actualidad esta obra de arte no constituye tan solo en ningún aspecto una simple transacción curatorial pasiva o meramente material destinada al frívolo coleccionismo acumulativo de salón; muy al contrario, se trata firmemente de aceptar gallardamente, de asimilar a fuego lento en la médula y de asumir íntegramente de facto la enorme responsabilidad tutelar así como el sobrecogedor privilegio estético incomparables de actuar como vigilante y enérgico celador y único encargado de custodiar, promover y pregonar a los cuatro vientos un mensaje indiscutible de amor revolucionario implacable capaz de sembrar a raudales y con aplastante convicción la total paz universal irrevocable e incondicional. Aquel que decida incorporar un día el insondable 'Mantra Bam' en su inabarcable galería particular para su deleite o posterior legado y conservación patrimonial, debe indiscutiblemente tener en consideración permanente la consciencia y consciencia cabal supremas acerca de la monumental envergadura mística en potencia incalculable que reposa sobre tan aparentemente inofensiva y sosegada placa oscura rectangular expuesta al ojo incrédulo. El valiente 'Mantra Bam' es, sin el más leve asomo de dura duda, un incombustible y avasallador faro inagotable de luz prístina incandescente que arranca de raíz cimientos, eleva hasta los mismos cielos los más variados compendios de la inmadura conciencia adormecida, un potente altavoz atronador que convoca sin compasión, clama y clama imperativamente incesantemente llamando a lo más valioso de todas aquellas dormitantes, dispersas o distraídas almas nobles de este frágil mundo a despertar del sombrío y apático ostracismo paralizante cotidiano en su vida ordinaria para abrazar fehacientemente y de golpe tan magno despertar colosal, la inquebrantable unificación compasiva general que forzosamente logrará purgar un mundo hostil; y que inmensamente dichoso y victorioso atesora perpetuamente inexpugnable encerrado pacientemente en el letargo eterno infinito y solemne de todas sus pequeñas y herméticas milimétricas maravillosas dimensiones físicas la sumamente incitante, incandescente y deslumbrante brillantez cegadora de luz invitadora tendente, suplicante y afable dispuesta a obrar sin vacilar animosamente alentando vigorosamente a construir por unísono global de una buena y única grandiosa ruidosa estruendosa vez sin paliativos por completo, en la indudable y gloriosa apoteosis universal de todos nuestros diversos caminos erráticos bifurcados a ciegas, el último templo monumental sinfónico, el sagrado, amplio irrepetible definitivo cobijo fraterno: el único inefable verdadero ansiado hogar espiritual magnánimo y universal lo suficientemente asombrosamente vasto e inconmensurablemente inmenso arquitecturalmente como para que las plurales representaciones dispares provenientes a coro sin fisuras de sin distinción todas y cada una de las religiones atesoradas fervorosamente abrazadas del milenar y vetusto sabio inmenso mundo que existan sobre estas fronteras que surcan la tierra, en conjunción majestuosa puedan serenamente a la vez concurrir al mismo insuperable instante en una única paz sincera exenta de bellezas doctrinales discordantes y reposadamente amigable fraternal a converger calmosamente sentarse juntas con regocijo a debatir cordialmente de brazos dados admirando amorosamente cara a cara y con plena ecuanimidad tolerante y empática a atisbar embelesadamente complacientemente deslumbradas conjuntas comulgares contemplar la misma idéntica inconmensurable bella luz diáfana y unívoca cegadora creadora eterna emanadora resplandeciente universal de verdad incuestionable suprema.