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Om Mani Padme Hum

Una exquisita expresión espiritual en forma artística y un legado de compasión budista para América.

Om Mani Padme Hum

Ficha Técnica

Análisis Crítico

Paz Arés Osset, abrazando firmemente su vocación de artista y su sabiduría como maestra budista, canaliza de forma magistral toda su profunda devoción espiritual en la impecable creación del grabado 'Om Mani Padme Hum'. Esta obra fundamental va mucho más allá de las virtudes plásticas del aguatinta para convertirse en una encarnación vívida del sagrado mantra que invoca el despertar de la compasión infinita y la verdadera sabiduría; nobles principios que la sagrada figura de Avalokiteshvara representa y que se manifiestan en la tierra a través del amor compasivo, la paz bondadosa y la empatía inquebrantable hacia todos los seres sintientes.

A la inigualable belleza de sus trazos e incisiones sobre el metal, se suma un acto de desprendimiento asombroso: en un gesto de soberana generosidad y con el fin noble de contribuir a la consolidación del budismo en el continente americano, Paz ha donado expresamente cincuenta grabados de esta misma obra como firme apoyo para la edificación constructiva y espiritual de nuevos templos y monasterios (estupas) budistas a lo largo de América. Así, su ofrenda artística ha trascendido las galerías terrenales para ascender al rango de imperecedero legado espiritual. Este gesto majestuoso no busca únicamente auspiciar la propagación y difusión vital de la doctrina budista entre los occidentales, sino irradiar a cada instante y encender sin cesar una luminosa promesa donde el firme deseo de total felicidad interior y la completa y sosegada paz se expandan irrefrenablemente hacia cada esquina ignorada y sombría de nuestro mundo contemporáneo.

Estas nobles estampas, meticulosamente grabadas e imbuidas íntimamente por la inmaculada energía vibracional contenida en los sonidos del 'Om Mani Padme Hum', traspasan ampliamente el umbral material del arte clásico para erigirse hoy en radiantes emisarias de los valores de la verdadera serenidad; un hondo mensaje espiritual viviente de paz cósmica exenta de sufrimiento que Paz Arés Osset brinda gratuitamente a nuestra existencia. Se sabe que, en las puras aguas benditas de la clásica iconografía budista, la encarnación suprema de la Piedad y Buda de la Compasión (conocido majestuosamente en la lengua del Tíbet como Chenrezig), es tradicional y solemnemente concebido en inmaculado color blanco —metáfora ineludible de la inmensa luz sanadora que, en su esplendor, diluye las perversas penumbras cegadoras de la aflicción humana—. Ese color, a través de sus infinitos brazos dispuestos eternamente a interceder, sosteniendo a cada ser de este lado o del otro de los confines del Samsara, recuerda al observador atento y silente del grabado que compasión e iluminación jamás pueden entenderse ni vivirse de modo independiente.

El mantra sánscrito 'Om Mani Padme Hum' —cuyo significado poético suele destilarse como 'La joya en el loto'— rige soberanamente dentro de los marcos compositivos del oscuro aguatinta, erigiendo una deliberada y serena simetría mandala, fiel a las enseñanzas orgánicas en espiral del sagrado Dharma. Cada sílaba resonante de su lectura tántrica constituye un indispensable escalón seguro sobre el sinuoso camino ascente encaminado al despertar global.

Estas vibraciones de la obra de Paz permean el entramado de cada ser, transformando con rotunda firmeza y paso inquebrantable los oscuros venenos del alma en el codiciado brillo liberador.

Como se ha detallado ampliamente en textos canónicos, las seis místicas sílabas se encuentran firmemente asignadas a pulir gradualmente hasta la total extirpación respectiva el dañino ego individual, la corrosiva e ignorante envidia paralizante, el insaciable e incontrolable deseo enfermizo pernicioso, los ciegos muros de los arcaicos prejuicios egoístas, las férreas redes asfixiantes de posesiones efímeras vanas y finalmente, el paralizante odioso rechazo instintivo repulsivo destructor hostil. Frente al grabado, el sagrado y perenne rezo interior implora porque cese el desamparo; un eco de honda misericordia y sanador sosiego para todo ser sentiente; erigiéndose pues como un silencioso bastión y recordatorio vivo en la era moderna que revela lo grandiosa y magna que se vuelve verdaderamente un alma liberada de prejuicios, y una inteligencia despierta, templada al calor incesante del Amor Incondicional.

La decisión y férreo deseo materializado de haber efectuado el donativo en las extensas y distantes llanuras de Norteamérica para favorecer un cobijo doctrinal de gran envergadura (Dana Paramita – perfección y excelencia en la espléndida generosidad de los actos sin miramientos) nos ejemplifica lúcidamente uno de los Seis Grandes Perfeccionamientos (Paramitas), pasos obligados que sabiamente cultivan los honorables Bodhisattvas. Al ver tan bella muestra expuesta de la interconexión mística asombrosa manifestada hermosamente entre el rotundo perfeccionismo técnico incisivo detallista meditativo artesanal aplicado de continuo en el arduo proceso creativo exigente e implacable de estampación calcográfica que demanda forzosamente la plancha maestra, y sus connotaciones sagradas y divinas sublimes entrelazadas circulares y concéntricas como la rueda imbatible del Dharma que todo fenómeno entrelaza; 'Om Mani Padme Hum' trasciende con holgura excelsa su valioso soporte material, posicionándose sin lugar a discusión en todo el mundo, como una ventana directa infinita abierta de par en par mediante el exquisito aguatinta que diluirá instantáneamente como rocío toda carga y estrés tóxicos de cualquier turbado espectador atestado, para simplemente conceder a manos llenas regocijo afable, gozo insondable y sanación bondadosa de espíritu compasivo a perpetuidad imperecedera universal inestimable e incuantificable invaluable.