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Vuelo de la Poesía

Ecos Eternos: Donde lo Celestial se Encuentra con lo Terrenal

Vuelo de la Poesía

Ficha Técnica

El Poema en las Maderitas

Me preguntas si te quiero
¿Qué te puedo contestar?
Pregúntaselo a la luna
que alumbra en la inmensidad.
Pregúntaselo a la encina
que sola en el campo está.
Al bosquecillo escondido
o al río en su caminar.
¿Qué te importan las palabras
cuando segura tú estás?
¡Que nadie así te ha querido
y nadie así te querrá!

Análisis Crítico

Desde el primer vistazo a "Vuelo de la Poesía", uno es instantáneamente cautivado, llevado en un viaje que cruza las fronteras entre lo terrenal y lo divino. María Paz Arés Osset, con su inclinación hacia las formas circulares, nos envuelve en un abrazo etéreo y nos susurra secretos del cosmos.

La elección del círculo, una figura sin principio ni fin, no es aleatoria; es un claro símbolo de la perpetuidad y el continuo flujo del universo. María Paz demuestra con ello una afinidad y comprensión aguda de las concepciones orientales del universo y la vida.

Imagine estar parado frente a un círculo de madera pulcra, cálido y acogedor. En su centro, troncos finos se elevan como torres de una ciudad ancestral, y en ellos, con la delicadeza y profundidad de la tinta china, resplandece una poesía. "Me preguntas si te quiero, ¿Qué te puedo contestar?". Cada verso de esta poesía, que se desliza por la madera, es como un río de emociones que se desborda, y te encuentras nadando en sus aguas profundas, buscando respuestas en la luna, en la encina y en el bosque escondido.

La base de madera, robusta y terrenal, sirve como lienzo donde la poesía amorosa se erige como el alma de la obra. Este collage de troncos finos en el centro se convierte en una suerte de púlpito desde donde la poesía declama su esencia. La elección de la tinta china añade profundidad, una evocación a antiguas tradiciones y la permanencia de la escritura a través de los siglos.

El juego de las fotocopias de maderas es astuto y brillante. ¡Ah! Esa ilusión, donde por un instante nos engaña, haciéndonos creer que lo que vemos es lo que realmente es. Pero María Paz nos reta, nos dice que miremos más de cerca, que cuestionemos nuestra percepción.

Pero, ¡espera! Hay algo más. Una escritura en espejo que se despliega caprichosamente sobre los troncos. "Pregúntaselo a la luna que alumbra en la inmensidad". ¿No es eso lo que Alicia encontró en el País de las Maravillas? Una realidad invertida que requería un espejo para ser comprendida. Y aquí, en este acto, María Paz nos invita a ser como Alicia, a mirar a través del espejo y descubrir la magia que se oculta en el reflejo. Este juego de percepciones, donde lo real y lo ilusorio se confunden, es un desafío al espectador para que cuestione su propia realidad y los límites de su percepción.

La incorporación de la escritura en espejo es, en mi opinión, el toque magistral de esta obra. Es un claro guiño a "Alicia en el País de las Maravillas", invitándonos a traspasar los límites de nuestra realidad, a ver más allá de lo obvio y a descubrir el universo escondido que se oculta detrás de los reflejos. Esta elección también sugiere que el amor, al igual que la poesía, tiene múltiples caras y perspectivas, y que solo aquellos dispuestos a mirar más allá podrán captar su verdadera esencia.

Y justo cuando piensas que has comprendido la obra, el dorado te envuelve. Ese brillante y radiante dorado, reminiscente de las gloriosas iglesias bizantinas, como un halo que circunda toda la obra. ¡Ah, la poesía! Como bien lo identifica María Paz, "¡Qué nadie así te ha querido y nadie así te querrá!", es ese resplandor divino que, al igual que el dorado, nos conecta con lo eterno.

"Vuelo de la Poesía" no es simplemente una obra de arte; es una experiencia, un canto de amor eterno, una puerta a otra dimensión donde lo terrenal se encuentra con lo divino. Es un testimonio de que la poesía, y el amor que encarna, no conoce de finitud. Y mientras estemos dispuestos a mirar más allá, siempre encontraremos poesía en el vuelo eterno del universo.