En el lienzo de la vida, trazos de dolor,
Negocios de guerra, un vil error.
Grito en oración, sonido sin eco,
En el alma, la paz, mi único anhelo.
En el susurro del alma, grito en silencio
Donde la paz se desdibuja, nace el lamento.
En el corazón, un clamor rotundo,
Ante la guerra, la paz deseo profundo.
Como un eco lejano, resonancia de paz,
En este mundo, buscamos solaz.
Dios nos creó con su divina esencia,
La paz interior, nuestra mayor presencia.
¿Cómo se extravía en el trajín terrenal?
Guerras por interés, un oscuro ritual.
En cada suspiro, en cada albor,
Gritamos por la paz con fervor.
Aunque la tormenta amenace la calma,
Mantengo mi paz, mi fuego, mi llama.
En el tejido de la creación divina,
Grito por la paz, mi constante rutina.
Que las almas despierten a su esencia,
En la paz interior, la verdadera excelencia.
Que las naciones dejen caer las armas,
Que en cada corazón nazcan calmas.
En este poema, en mi voz se escuchan,
Gritos por la paz, que fronteras cruzan.
Que resuene en cada rincón, en cada mente,
La llamada a la paz, eternamente.