Nací en Sidi Ifni, una provincia de España que avanza.
donde la guerra de 1957, me dejó su huella,
una sombra en la esperanza.
A la tierna edad de casi tres años,
entre el caos y la desolación,
se grabaron recuerdos,
en el fondo de mi corazón.
Los ecos de aquellos días,
aún resuenan en mi ser,
sombras de una infancia,
que apenas pude ver.
En cada risa forzada,
en cada lágrima oculta,
se esconde el dolor
de una inocencia culta.
Artista y poeta, con el alma marcada,
caminando por la vida,
con una carga pesada.
En mi búsqueda de alegría,
en este mundo injusto,
las cicatrices internas,
dificultan sentirse agusto.
Aunque sonrío y escribo,
bajo un cielo gris a veces,
en mi ser profundo,
se guarda lo que viví a veces.
La humanidad a veces desespera,
a veces se desvanece,
y sigue adelante,
gracias a el alma divina que nos mece.
A pesar del dolor que en mi alma se anida,
en cada verso fluye vida,
una fuerza no vencida.
Como un río que persiste,
a pesar de las piedras en su cauce,
mi espíritu de poeta y artista,
en la adversidad reluce.
En el arte encuentro refugio,
en la poesía un hogar,
un lugar donde las heridas
pueden empezar a sanar.
Mis palabras son puentes,
entre el ayer y el mañana,
un intento de sanar,
de aliviar la guerra en paz.
Así, cada verso o pincelada
son una luz en la oscuridad,
intento encontrar balance,
entre el dolor y la claridad.
En mi viaje humano,
como poeta, como artista, como ser,
busco sembrar esperanza,
en un mundo que a veces parece perecer.
En los momentos más sombríos,
donde la esperanza parece lejana,
surge una luz tenue,
en el alma aún temprana.
Es en la noche más oscura,
donde las estrellas brillan con fuerza,
recordándome que incluso el dolor,
su lección refuerza.
En cada suspiro de desaliento,
en cada instante de desesperación,
encuentro un hilo de fuerza,
una chispa de inspiración.
Como poeta, anhelo mis versos
se conviertan en un faro,
un refugio en la tormenta,
calor en el desamparo.
En estos momentos de guerras,
deseo que mi voz tenga poder,
no solo para expresar dolor,
sino también para renacer.
Porque incluso en la tristeza
más profunda y desgarradora,
se esconde la posibilidad de la paz
y una nueva aurora.